El peor pecado para con nuestras criaturas amigas, no es el odiarlas,
sino ser indiferentes con ellas, esa es la esencia de la inhumanidad.

*George Bernard Shaw

lunes, 10 de mayo de 2010

LIDIANDO CON LA PÉRDIDA DE NUESTRA MASCOTA


El tiempo adecuado para considerar en adoptar a otra mascota es cuando usted sienta que está listo. Algunos afligidos están listos en adoptar tan pronto después de la perdida de su mascota, otros querrán esperar hasta que han completado el proceso de duelo. Incluso habrá quienes no desearán tener otra mascota, pues se predisponen a una nueva pérdida. De ser este último su caso, recuerde que una mascota es como un ser humano al cual le abrimos nuestro corazón para disfrutar de su compañía el tiempo que Dios decida darle vida, así que no le privemos a nuestra familia o a nosotros mismos de crecer al lado de una nueva mascota

La pérdida de una mascota querida puede ser muy dolorosa. Las mascotas son parte de nuestras familias y una fuente de amor incondicional. Cuando nuestras mascotas mueren, podemos tener sentimientos similares como cuando perdemos a un miembro humano de nuestra familia o a un amigo.

Es por ello que la comprensión del proceso de duelo y el entendimiento que esto es aceptable (y muchas veces necesario) podrá ayudarle a procesar sus sentimientos de pérdida y adaptarse a la vida sin su mascota.

Proceso de duelo

Es importante que usted permita el duelo por la pérdida de su mascota. El duelo es un proceso que se experiencia diferentemente en cada persona y a un ritmo individual. Si usted se encuentra "detenido" en una de las varias fases de duelo, puede ser útil buscar consejo o el apoyo de otras personas que han tenido experiencia con la pérdida de una mascota.

Típicamente, el proceso de duelo incluye las siguientes etapas:

Conmoción y negación. La cual es la fase donde la muerte de las mascotas no parece ser real.

Coraje y culpabilidad. Es cuando durante el duelo puede arremeter contra la familia, contra Dios o contra el veterinario, culpando a otros o a sí mismo por la muerte de la mascota.

Negociación. Cuando el duelo por tu mascota puede hacerte que hagas un acuerdo con Dios o con tu veterinario con la esperanza de poder tener a tu mascota de regreso.

Depresión. Que se da como una reacción al cambio de vida creado por la pérdida de su mascota, los afligidos pueden sentirse tristes, sin esperanza, confundidos, culpables, vacíos, e incompetentes. Todos estos sentimientos son normales; sin embargo, si la depresión persiste, usted querrá ver a un médico para una evaluación.

Aceptación y resolución. Las cuales ocurren cuando la pérdida de la mascota es integrada a la vida del afligido. Pero esto no quiere decir que hemos olvidado a la mascota.

El proceso de sanar

Honrar y conmemorar a su mascota es una parte importante del proceso de duelo y para sanar. En este sentido, la Asociación de Medicina Veterinaria de Oregon (
Oregon Veterinary Medical Association), señala que posiblemente usted como su propietario querrá considerar bien sea hacer una donación a una organización relacionada a los animales en memoria de su mascota, llevar a cabo un ritual tal como encender una vela por su mascota o llevar a cabo un servicio conmemorativo con familia y amistades, hacer un álbum de recortes de la vida de su mascota, escribir sobre recuerdos especiales de su macota o hasta hablar con otras personas que han sentido una pérdida similar, tal como en un grupo de apoyo.

Los niños y la pérdida

Como muchos niños tienen su primera experiencia con la muerte con sus mascotas, es muy importante manejar esta situación con cuidado. Muchas personas no recuerdan qué tan traumático y confuso fue la primera vez que tuvieron que lidiar con la muerte. Los niños tienden a llorar menos que los adultos, pero el dolor aún es intenso. Tal vez aún más intenso. Los niños pequeños también tienden a volver al tema en varias ocasiones, así que sea paciente.

Es muy importante ser honestos con los niños y explicarles la permanencia de la muerte de la mascota en términos simples y directos. Dejar de lado al tema no ayudará en absoluto, y los niños que tienen un gran instinto sabrán cuándo algo no se está diciendo. No es aconsejable decirle al niño que "Dios se llevó a su mascota" o que la "han puesto a dormir" ya que el niño puede empezar a tener miedo de que Dios esté esperando para llevarse todo, o incluso de irse a dormir.

Anime al niño a hablar sobre la mascota y déle mucha confianza. Los niños logran pasar por el duelo dibujando imágenes o escribiendo historias sobre sus mascotas, esto les ayuda adaptarse a la pérdida. Ahora un consejo que no debe olvidar es que no le compre a su hijo una nueva mascota de inmediato, déle tiempo para adaptarse, y no le dé un nuevo animal doméstico hasta que esté listo, de lo contrario sólo será perjudicial en el largo plazo.

Las mascotas que quedan

Si tiene otras mascotas en casa, no olvide de que éstas pueden presentar cambios de comportamiento con la pérdida de su compañero de vida o de juegos. Las mascotas pueden formar lazos de familia o de amistad muy fuertes entre ellos. De allí que la separación inesperada pueden presentarle ansiedad, inquietud, verse nerviosos o con depresión. Mientras que los que suelen ser más energéticos, seguramente optarán por dormir mucho y comer menos.

Si usted tiene varios perros y la mascota que murió era el macho o la hembra dominante, probablemente habrá algunas peleas y enfrentamientos entre los restantes para averiguar quién será la nueva jerarquía. Esto es natural, y no se debe interferir. Las mascotas que le sobreviven o quedan tal vez buscarán a sus acompañantes fallecidos y ansiarán por la atención de sus dueños; sin embargo, demasiada atención puede llevar a la ansiedad de separación. Intente mantener las rutinas de comer, dormir y de ejercicio lo más normal posible para darles el sentido de estabilidad. No es aconsejable adquirir una nueva mascota de compañero para sus mascotas sobrevivientes a menos que usted mismo esté listo emocionalmente. Recuerde, son como niños: necesitan tiempo para sufrir y resolver las cosas, como todos los demás en la familia.

La eutanasia en mascotas

La decisión de eutanizar a su mascota muchas veces es difícil y abrumadora. Hable con su veterinario sobre la salud de su mascota y sobre las opciones de tratamiento. Usted querrá considerar la calidad de vida de su mascota y también de la familia, el nivel del dolor de su mascota y la habilidad de hacer las cosas que alguna vez disfrutaba. Sentirse culpable es común, pero es importante recordar que como la persona que está al cuidado de la mascota, muchas veces la decisión de eutanizar es la más bondadosa y más generosa decisión que usted podrá tomar si su mascota está enferma o lastimada.

sábado, 8 de mayo de 2010

SI SE QUIERE...SE PUEDE

El Pishica en la calle
Este es el último video de la gran salida a la calle... por supuesto, todo el mundo nos miraba... "un gato en silla de ruedas" ... pos si!!! y a veces también lleva botas!

Vídeo Facilitado por Leonardo Pérez de Mendiguren

viernes, 7 de mayo de 2010

LEUCEMIA FELINA


Virus de la Leucemia Felina

La leucemia es un cáncer de los leucocitos, las células encargadas de proteger al organismo frente a las infecciones. Por ser este uno de los síntomas que puede producir el retrovirus más extendido entre la población felina, se le conoce como "virus de la leucemia felina“ (VLFe). Este virus constituye un grave riesgo para los gatos domésticos, ya que además de contagioso, es responsable de un amplio abanico de enfermedades mortales, tanto cancerosas como no cancerosas. Aunque aún es mucho lo que queda por saber sobre su transmisión, desarrollo, evolución y tratamiento, conocerlo y prevenirlo son las claves para su control.

¿Cómo se transmite?

A través de la saliva, las secreciones nasales, las lágrimas, la leche y es posible también que a través de la orina y las heces. Esto quiere decir que un gato positivo en VLFe podrá transmitir el virus a otros gatos por medio de las heridas causadas en peleas, y también compartiendo comida, agua y bandeja sanitaria, o al lamerle en sesiones de aseo mutuo. No obstante, se necesita un contacto muy íntimo y continuado entre un gato positivo y un gato negativo para que se dé el contagio, ya que el virus se inactiva con gran rapidez tras su liberación. También las transfusiones de sangre pueden ser un mecanismo de transmisión. Las madres pueden traspasar a sus hijos el virus antes del nacimiento o en el amamantamiento.

Dada la fragilidad del virus, es muy poco probable el contagio en clínicas veterinarias, exposiciones, cheniles de guarderías o protectoras, etc.

Prevención

Existen vacunas para la prevención del VLFe. Como sucede con todas las vacunas, su eficacia no se puede asegurar al 100%, por lo que los veterinarios no suelen recomendar la convivencia entre gatos positivos y gatos negativos, aunque estos estén vacunados y la vacuna proteja con garantía a un porcentaje muy alto de gatos. La mayoría de los veterinarios recomienda también vacunar contra el VLFe a todos los gatos, especialmente aquellos que tienen acceso al exterior, pero también a los que no salen de casa.


¿Qué ocurre cuando un gato negativo entra en contacto con el virus?

Si el gato no está vacunado y entra en contacto con el virus de la leucemia felina, no siempre quedará infectado. Como ocurre con cualquier otro virus, el organismo puede reaccionar y evitar la infección o no tener éxito y contraerla, dependiendo de factores tales como el estado del sistema inmunológico, la edad del gato, la cepa del virus o la severidad de la exposición. La infección ocurre con mayor frecuencia en gatitos muy jóvenes o muy mayores, o en gatos de cualquier edad con las defensas debilitadas por enfermedad, medicación o estrés. Los gatos adultos con un sistema inmunológico saludable son los más resistentes al virus.

Tras la exposición al virus, pueden ocurrir tres cosas distintas:

- Inmunización. Aproximadamente un tercio de los gatos expuestos al VLFe desarrollan inmunidad frente a él (la proporción aumenta considerablemente en el caso de adultos sanos). Puede que estos gatos sufran un proceso de fiebre, letargo y apatía durante unos días, una „viremia transitoria“, pero finalmente el virus será eliminado de su organismo. Estos gatos pueden dar positivo en los tests durante unas cuantas semanas, al cabo de las cuales los resultados serán negativos. Por esta razón es conveniente confirmar cualquier positivo en un test de leucemia al cabo de 6 a 12 semanas.
- Latencia. En otro tercio de los gatos expuestos, el virus se eliminará de la sangre y la saliva, pero quedará acantonado o secuestrado en la médula ósea o en algún otro órgano. En cualquier momento, especialmente en situaciones de estrés o inmunodepresión, el virus se puede reactivar, aunque también cabe la posibilidad de que esto no ocurra nunca y el gato viva una vida completamente normal, e incluso puede que el gato elimine el virus definitivamente al cabo de varios años. Estos casos de infección latente no se detectan con los tests más habituales y disponibles en las clínicas veterinarias, aunque existen pruebas capaces de identificarlos.
- Infección. Otro tercio aproximadamente de los gatos expuestos quedará permanentemente infectado por el virus. En estos casos, el gato sufrirá unos días fiebre, letargo y apatía, y después se recuperará, como en el caso de las viremias transitorias. Pero el virus habrá conseguido instalarse en su organismo. Durante un periodo que puede durar varias semanas, meses o incluso varios años (el 50% de los gatos estarán sanos a los dos o tres años, y el 15% lo estará todavía a los cuatro años de la infección), el gato podrá llevar una vida normal y no sufrirá ninguna enfermedad. Sin embargo, la mayor parte de los gatos infectados desarrollará al cabo del tiempo enfermedades relacionadas con el VLFe.

¿Cómo se identifica la presencia del virus?

Existen tests de distintos tipos para comprobar si un gato está infectado con el VLFe. Realizar estas pruebas es importante en caso de que se vaya a introducir un nuevo gato en una casa donde haya otros gatos residentes por el riesgo de contagio, y también cuando no haya más gatos para poder responder con rapidez a los problemas de salud que se presenten en caso de que el gato haya contraído el virus. El test debe realizarse por tanto a todos los gatos susceptibles de haber estado expuestos al virus, especialmente aquellos de origen desconocido (recogidos de la calle o de una protectora, comprados en una tienda, nacidos de gatas „de exterior“...). Es importante confirmar tanto los positivos, repitiendo el test al cabo de varias semanas o con otro método diferente, como los negativos en el caso de gatos que presenten sintomatología que pueda estar relacionada con el virus de la leucemia felina.

Síntomas relacionados con el VLFe

Existe gran variación en la respuesta de los gatos a la infección con el VLFe. Hay una gran diversidad de problemas crónicos y enfermedades relacionadas con la presencia del virus, como inmunosupresión, anemia o linfomas. Algunos gatos puede permanecer asintomáticos durante años, y la frecuencia y gravedad de los síntomas cuando se presenten es muy variable. Aunque algunos desarrollan rápidamente graves enfermedades, otros pueden vivir con muy buena calidad de vida durante meses o años con el cuidado y los tratamientos sintomáticos adecuados. Algunos de los trastornos más comunes son:

- Fiebre, letargo, inapetencia, pérdida de peso.
- Infecciones oportunistas víricas, bacterianas y parasitarias.
- Enfermedades de la sangre (anemias)
- Linfomas y leucemia
- Enfermedades dentales y bucales (gingivitis, estomatitis...)
- Enfermedades oculares (uveitis...)
- Trastornos digestivos, respiratorios, renales, neurológicos, reproductivos, dermatológicos...

Tratamiento

Lo esencial para cuidar a un gato positivo en el VLFe es protegerle de la exposición a otras enfermedades , asegurar una buena nutrición, vacunarle regularmente contra otras enfermedades, evitar situaciones de estrés, controlar los parásitos internos y externos y el tratamiento temprano de cualquier síntoma que aparezca.

Aunque no existen tratamientos específicos para la leucemia felina, algunos medicamentos, como el interferón y otros inmunoestimulantes pueden ser de utilidad para mantener el sistema inmunológico del gato en buen estado. El veterinario indicará los tratamientos apropiados para los distintos síntomas y enfermedades que puedan presentarse.

Puedo convivir con un gato positivo en el VLFe?

Los gatos positivos en el virus de la leucemia felina pueden vivir entre varios meses y varios años. Aunque hace años se recomendaba la eutanasia para los gatos positivos, no hay ninguna razón para hacerlo cuando estos gatos pueden vivir largos periodos de tiempo sin presentar ningún síntoma. La adecuada colaboración de dueños y veterinarios puede también ayudar a mantener una buena calidad de vida cuando comiencen a presentarse problemas. Hay que tener en cuenta, no obstante, que no es conveniente que convivan con gatos negativos y tampoco que tengan libre acceso al exterior. La única razón de estas recomendaciones no es evitar la transmisión del virus, sino también prevenir el peligro de que contraigan enfermedades o parásitos que comprometan su delicada situación.

Tras décadas de investigación, no se ha encontrado evidencia de que el virus de la leucemia felina pueda transmitirse a especies no felinas, como los humanos o los perros. No obstante, se recomienda que los gatos positivos no convivan con personas con problemas inmunológicos, como es el caso de portadores del virus del SIDA.

*Cornell University College of Veterinary Medicine

martes, 4 de mayo de 2010

EL GATO Y LA RATA

¿Quién dijo que los gatos y los ratones somos enemigos?. Feliz día amig@s!

viernes, 30 de abril de 2010

CHAT TROLOLOLO

Os dejo en compañía de un gato que canta mientras le hacen cosquillas.
Feliz fin de semana amig@s!!!

jueves, 29 de abril de 2010

29 DE ABRIL, DÍA MUNDIAL DE LOS ANIMALES...


El Día del animal o Día Mundial de los Animales se celebra cada año el 29 de Abril. Nació Florencia, Italia en 1931 en una convención de ecologistas. Ese día se celebra la vida animal en todas sus formas, y eventos especiales se llevan a cabo alrededor de todo el globo. El 4 de octubre fue elegido originalmente para esta festividad porque es el día festivo por Francisco de Asís, amante de la naturaleza y santo patrón de animales y medioambiente. Numerosas iglesias alrededor del mundo observan el domingo más próximo al 4 de octubre con una Bendición para los Animales.

De todos modos, el Día Mundial del Animal, esta ahora más allá de la celebración de un santo cristiano y hoy es observado por amantes de los animales de todas las creencias, nacionalidades y trasfondos. Bendiciones a animales son realizadas en iglesias, sinagogas y Capellanes de los Animales independientes en parques y campos. Refugios de animales realizan eventos para recaudar fondos y días abiertos, grupos de vida salvaje organizan exposiciones de información, escuelas toman proyectos de trabajo relacionados con los animales e individuos y grupos de amigos o compañeros de trabajo donan a beneficencias de animales o se comprometen a patrocinar a un refugio animal.

En Argentina se celebra el 29 de Abril como homenaje al fallecimiento (en 1926) del doctor Ignacio Lucas Albarracín. Albarracín fue, junto con Domingo Faustino Sarmiento, uno de los fundadores de la Sociedad Argentina Protectora de Animales y el propulsor de la Ley Nacional de Protección de Animales (N° 2786.).

*DÍA MUNDIAL DEL ANIMAL

*RESPETA A LOS ANIMALES


miércoles, 21 de abril de 2010

CUANDO ENTRA EN CASA UN NUEVO GATITO


- Pautas de presentación -

Cuando llegues a casa con el nuevo inquilino no los presentes de golpe NUNCA, ya que esto será por lo general el principio de una mala relación o de una relación que tardará mucho más en consolidarse como buena, además de llevarse los dos unos cuantos arañazos, o cuando menos, bufidos y disgustos.

• Deja al gato nuevo en el trasportín y que el “dueño de la casa” se acerque a olerlo durante unos minutos.
• Después de esta “presentación preliminar ” déjalos en partes separadas de la casa de modo que puedan olerse por debajo de la puerta, pero sin poder verse ni atacarse. Esto durante un periodo mínimo de 2 semanas.
• Mientras cada gato esté en esta fase de “confinamiento separado”, cámbiales la arena, pon la de uno (con caquitas y todo) en el sitio del otro y viceversa. Así se irán acostumbrando a sus nuevos olores.
• Tenlos sólo juntos cuando alguien esté presente y les pueda vigilar, y hazlo de forma gradual (cada vez más tiempo, según veas que se toleran) . Cuando no estés en casa tenlos en cuartos separados hasta que su aceptación el uno por el otro sea total y absoluta.
• Los animales esterilizados son menos territoriales, esterilízalos y evitarás futuras peleas.
• Dales premios cuando se porten bien el uno con el otro. En especial al gato que ya tenías, para que no se sienta desplazado por el nuevo, y mímales mucho más de lo habitual.
• Incítales a jugar juntos participando tu al principio con una cuerda o similar.
• Si les gusta la malta, úntales un poco la boquita o alguna patita con ello para que el otro le lave y creen vínculos. Esto sólo en caso de que ya medio se acepten, claro, porque de lo contrario puedes empezar una pelea.

Si después de esto se tienen problemas de agresividad entre los gatos, lo primero que hay que evaluar es si se trata de algo normal (se bufan, por ejemplo, cosa que es normal que hagan al principio) o si la cosa se alarga mucho más en el tiempo sin llegar a estabilizarse, en cuyo caso debemos ayudar un poco a que llegue la armonía. Tendremos que tener en cuenta que los gatos son muy exagerados y muchas veces lo que parece una gran pelea es simplemente un intercambio de maullidos y chillidos, que, si bien , nos asustan, realmente son intentos de intimidar al otro gato, sin llegar al ataque.

-Enfrentamientos:

Los enfrentamientos a veces son necesarios cuando el orden está sin establecer en casa...si les separas, lo único que consigues es aplazar esto y a veces perpetuarlo

No pasa nada, no te preocupes, chillan mucho, pero luego no se hacen nada, como mucho un arañazo en la nariz. Son muy exagerados, pero realmente es todo apariencia. Si se fueran a pelear de verdad lo habrías visto, creeme, tu y 50 vecinos a la redonda

Además si te metes, pueden empezar a utilizar esto como arma para conseguir tu apoyo, o sea: gritar más para que tu vengas a defender a alguno

Sólo si ves que el enfrentamiento es serio (MUY serio, repito que si te metes cuando no lo es estás contribuyendo a que este problema siga), se puede intervenir, con un spray de agua, una palmada seca, o, en casos más extremos, echándoles una manta encima.

-Métodos:

Tu puedes ir facilitando ese proceso de adaptación, con condicionamiento positivo (vale para casi todo). Cuando estén juntos sin gruñirse ni nada, les das premios (golosinas, malta o lo que les guste), juegas con ellos a algo que puedan jugar juntos (con una cuerda, un plumero, un láser...no con algo tipo ratón que uno se pueda llevar y pelearse por ello los dos). También les dices cositas, les haces más mimos...es muy importante que sólo les des premios cuando pase esto, si se los das en alguna otra ocasión no van a discriminar que es por portarse bien, van a generalizarlo.

También es recomendable el uso del Feliway y, sobre todo, flores de Bach, van genial

Y luego está el truco de la gasita...compra gasas en la farmacia, y frota con una la parte debajo de la mandíbula, donde acaba y se une con el cuello (en los lados), donde ellos se frotan contra los muebles y contra nosotros. Ese frotado no es mimo como a veces pensamos...es que nos marcan como suyos, ya que por esa zona sueltan feromonas. Bueno, pues tu frota la gasita lo que te deje (sin hacerle daño, claro, suave pero con firmeza), mejor en el que sea más dominante de ambos, y luego, con esa misma gasa frotas todo el cuerpo del otro. De este modo, el nuevo gato va a oler más al dominante, y este le aceptará mejor. Esto lo haces todas las veces que puedas sin que se harten.

Hay un método que consiste en colocar una red en una puerta, para que se vean pero no se puedan atacar, para que se relajen en presencia de la otra. Les pones la red y les dais latita, o jamón o lo que sea a cada una en su lado (al principio más lejos de la red y según pasen los días más cerca, y a los dos gatos a la vez, uno para otra persona y otro para ti). Esto se puede hacer también con un cristal o algo así por medio (vamos, que se vean). También se puede hacer sin nada, pero ahí ya, si alguna hace amago de atacar a la otra, cortáis el estímulo positivo (golosina) y os vais como si nada, ignorándolos.

Si uno de los gatos huye siempre del otro tenemos un problema, porque de ese modo está reforzando el comportamiento agresivo del que persigue (yo amenazo y el se va)...así que se debería intentar distraer al miedoso cuando esto pase, se que es difícil, pero hay que desviar su atención para que no se vaya...sin comida, eso si, no sea que piensen que cada vez que se encaran hay premio!

Con esto de acercarles la comida poco a poco (lo de la red), podéis hacer también una terapia de desensibilización sistemática. Consiste en (sin red), ponerles el plato de comida al principio lejos del otro gato (unos 3 metros), pero sin comida. Cuando los dos se comporten de manera relajada ante la presencia (aunque lejana) del otro, les echáis un poco de comida. Acercáis el plato gradualmente al otro gato, siempre teniendo en cuenta que nunca debe subir el umbral de miedo ni de agresión, en cuanto veáis que uno se pone nervioso, gruñe o algo así, volvéis un paso atrás y seguís igual: comida sólo cuando estén a gusto viéndose. Así vais acercando cada vez más el plato, y no os deis prisa, esto lleva mucho tiempo. Si la cosa se complica, podéis hacer lo mismo pero con trasportines con ellos dentro y les dais alguna golosina a través de la puerta si según os acercáis están tranquilos viéndose. O con un arnés.

IMPORTANTE: no hay un sólo premio fuera de estas sesiones, para que aprendan a discriminar que sólo cuando se toleran hay premio. Si les gusta la malta, dádsela sólo en estos momentos, no luego. Laura Perales (KAT)

martes, 20 de abril de 2010

MI PELÍCULA



Un precioso video realizado por una voluntaria de la Asociación GATA para difundir todas nuestras preciosas careys.
En ocasiones, y aunque casi todos no lo entenderéis, las careys son discriminadas por absurdos criterios estéticos.
A nosotr@s nos parecen absolutamente divinas!!! Gracias por difundirlas!!!

martes, 13 de abril de 2010

LA LEYENDA DEL GATO SIAMESES

Cuenta la leyenda que los gatos siameses eran muy difíciles de obtener y era sólo regalo como un favor especial del Rey de Siam, reino ahora conocido como Tailandia, que mantuvo la raza enteramente dentro de su palacio como el gato real de Siam.Era considerado un animal sagrado. Sus dueños eran de sangre real y/o sacerdotes.El robo de uno de los Gatos Reales de Siam de la Corte Real era castigado con la muerte.El primer siamés que apareció en Inglaterra fue un obsequio del Rey de Siam a el Cónsul General Británico en Bangkok –Owen Gould- en realidad fue una pareja de siameses y estos fueron exhibidos en Londres, por su hermana, un año después en Palacio de Cristal en 1871 y ellos aparecieron en exposiciones Americanas por el siglo XX temprano. Entre 1884 y el fin del siglo varios gatos siameses se importaron en este país y fueron registrados. Nacía una raza, show y competencias.Se cuenta que los gatos siameses solían tomar parte de los funerales de los reyes tailandeses. Se los colocaba dentro de la tumba del monarca y cuando salían por un orificio dejado para tal propósito, se decía que el alma del rey había entrado en el gato como parte de su viaje a la siguiente vida.El Siamés es, quizás, una de las razas de gatos más conocidas a nivel popular.
El color del Siamés original era el clásico “seal point” (color foca): puntos castaños y cuerpo color crema cálido. Con el paso del tiempo, los criadores desarrollaron más colores con sus programas de cría, pero llevó mucho tiempo reconocerlos. Recién en 1931 se aceptó el color blue como una variedad más. En los 50s y 60s se aceptaron los colores chocolate y lilac point y, aproximadamente a mediados de los 60s, se aceptaron los tabby points y los red points. Aún hoy, entidades como la CFA (USA) no reconoce otros colores que los clásicos seal, blue, chocolate y lilac. El siamés original tenía ojos estrábicos y anillas en la cola. El estrabismo y los nudos (kinks) en la cola son considerados hoy faltas graves, pero alguna vez fueron tan comunes que se tejieron toda clase de leyendas alrededor de ellos. Una leyenda cuenta sobre una valiosa copa perdida y dos gatos Siameses encargados de buscarla. Cuando ellos encontraron la copa, un gato se quedó para cuidarla mientras el otro regresó con las buenas noticias.
El gato de guardia, una hembra, estaba tan angustiada de poder extraviarla nuevamente que ciñó su cola herméticamente alrededor de ella y la sostuvo tan firme que su cola se retorció permanentemente. Y todo el tiempo en que estuvo esperando el regreso del otro gato, miró fijamente la copa pues temía que ésta desapareciera y sus ojos quedaron bizcos.Otra leyenda cuenta sobre una princesa que, cuando tomaba sus baños, temía que le robasen sus anillos y entonces se los confió a su gato Siamés. Ella puso los anillos en la cola del gato pero, cuando el gato se durmió, los anillos se cayeron. Así que la princesa ató un nudo en la cola del gato para que esto nunca pudiera pasar de nuevo.


jueves, 11 de marzo de 2010

EL GATITO Y SU CAJA

Ya estoy en casa. Gracias a todos por vuestro apoyo y cariño. Os quiero!!! Miauuuuuuuu!!!!!

miércoles, 13 de enero de 2010

EL GATO FUMADOR

Hola amigos, os dejo con este vídeo mientras voy desembalando el equipaje. Ya estoy de vuelta, amigos mios. Miau, jejeje, miau!!!

jueves, 19 de noviembre de 2009

UN NUEVO AMANECER


Todo sucedió en el mes de Mayo de 2009... recuerdo como una mañana ,como otra cualquiera, después de tomar el primer café del día y a las 6.30 de la mañana me disponía a postear, como tantos y tantos días, durante ya casi dos años de vida de esta blog y, para mi estupefación el ordenador portátil no se reiniciaba y otros dos de sobremesa estaban ya a punto de jubilarse....En resumen: mis equipos informáticos decidieron pasar a mejor vida y viajaron al ciberespacio. A todo esto, añadimos cambio de despacho, viajes por motivos de trabajo, exceso de trabajo, stress y agotamiento. La cuestión es que en un mes ya había conseguido optimizar mis equipos y con grandes ilusiones me disponía a continuar con mi trabajo en los Blogs....

Fué entones cuando sucedió....

De un día para el otro....y, aún siento un gran peso en el corazón mientras escribo, mi querida y amada gata siamesa Murli,enfermó y murió. Tenía 16 años y estaba fantástica...aunque con ciertos achaques debidos a su edad. Recuerdo que en la madrugada del día 13 de Mayo me desperté de repente, eran las 4.30 y no podía conciliar de nuevo el sueño. Decidí levantarme y retomar el ritmo de posteo habitual, ya que había estado como casi un mes sin hacerlo...

Sin embargo mis pasos se dirigieron al salón donde mi preciosa gata Murli descansaba siempre plácidamente. Me sorprendió no verla en el sofá...y mis ojos la buscaron por toda la estancia...Y entonces la vi....estirada en el suelo....inmóvil,no podía caminar....estaba totalmente desplomada....La tomé entre mis brazos y la coloqué en el sofá, en su sofá favorito, y supe que se iba...no sé explicaros como lo supe pero, lo supe...tenía la total certeza. Me quedé con ella, ese día no fuí a trabajar....quería estar con ella hasta el final. Desde la madrugada hasta las tres de la tarde del día siguiente, estuvo en proceso de agonía. Cada minuto que pasaba sentía como lentamente abandonaba su cuerpo. Su mirada fija en mi y la mia en ella. En silencio...no quería llorar delante de ella...y tenía que irme al polo opuesto de la casa...porque no podía soportar el dolor...me dolía el alma...aún me duele....

Cogida de su pata mi mano intentaba transmitirle toda mi fuerza, todo mi amor...estaba desesperada, os lo aseguro...Y pensaba en silencio: Salta Murli!!!!, Salta y vete al cielo!!!! Y tal y como lo pensé...de repente agitó fuertemente su pata y expiró su último aliento...Después de dos días...la enterramos en nuestro pequeño jardín...y ahora, encima de su tumba han crecido rosas!!!!. Rosas tan lindas como ella, mi querida Gata Murli, cuanto te extraño!!!

No puedo evitar emocionarme....aunque está resultando terapéutico el desahogarme en la Blog de mi querido Henriketo. Él se quedó sin su pareja, sin su amiga....con la que conpartió toda su vida....

Pero aún siguen las catastróficas consecuencias....Dos semanas después, Henriketo enfermó debido a una infección de etiologóa extraña...pensaba, que también lo perdía.....Pero él es muy fuerte y remontó la enfermedad...Pasó otro mes....y yo no tenía ánimos de continuar con las Blogs....lo intentaba...pero no podía...me inundaba la tristeza más profunda...

Henriketo estaba muy ensimismado y poco comunicativo...viviendo su proceso de duelo...Meditando, como dice él, todo el tiempo...asi es que en casa tomamos una decisión...

CONTINUARÁ....

miércoles, 18 de noviembre de 2009

EL RETORNO DE HENRIKETO, EL GATO BLOGGER

Ahora si...tan solo un segundo para agradeceros vuestro apoyo y cariño. Mañana Henriketo vuelve con sus aventuras!!!!!

martes, 7 de julio de 2009

EL RETORNO DE HENRIKETO


Queridos lectores y amigos:

En primer lugar: gracias por vuestros comentarios y vuestro apoyo durante este periodo de ausencia forzada.....debido a imponderables que he tenido que sortear....algunos amargos.

Con nuevo despacho, nuevos equipos y nuevas ilusiones Cabalayka vuelve a la carga y mañana....con todos vosotros

Gracias por todo y os deseo un lindo día.

Cabalayka y Henriketo

martes, 5 de mayo de 2009

LOS GATOS MARCAN SU TERRITORIO


Todos los felinos, y entre ellos naturalmente el gato, tienen el mismo procedimiento típico para marcar su territorio, delimitándolo, y así sentirlo de su propiedad. Este marcaje lo llevan a efecto rociando gotas de orina, de un fuerte olor, dentro de los perímetros de lo que es para ellos su territorio. Muchas veces, después de haber hecho este marcaje con orina, el gato da la espalda al objeto ya marcado, restregando su cola y parte posterior contra el lugar elegido. Otras veces, se voltea y afila sus uñas vigorosamente en el área ya marcada, reforzando así con el olor de sus garras, la posesión de su territorio. Este comportamiento es típico de los gatos machos sin castrar.
Las hembras, no suelen hacer marcaje territorial, pero también puede ocurrir, y en estos casos adoptan la posición típica del macho , levantando la cola temblorosamente, y rociando directamente hacia atrás.
Los gatos castrados, tienden a no hacer marcaje territorial con orina, pero ocurre que muchas veces los gatos ya castrados, realizan estas rociadas de orina , y aun cuando el olor no es tan fuerte como el de los no castrados es bastante molesto si lo hacen dentro de la casa. Cuando esto ocurre, se debe mas que todo a trastornos de carácter emocional, pues el hormonal ha sido eliminado con la castración. Esto puede ser debido al ingreso al hogar de una nueva mascota, hasta por la llegada de un bebé, o cualquier otra razón que es necesario encontrar cuando ocurre. Esto se debe a que al cambiar algo en el hogar, el gato siente amenazada su posición, y trata de asegurarla en la única forma que es capaz: marcando todo lo que ve como suyo. Así como pueden utilizar el rociado para llamar la atención acerca de algo que les estresa, también pueden buscar el mismo resultado, defecando en lugares donde causen preocupación y molestias. En estos casos, el lugar escogido será el mas notorio, que es lo contrario del procedimiento usado normalmente para evacuar la vejiga e intestino, que es cuando el gato se esconde discretamente, y busca de cubrir todo por completo.
Además de las rociadas con orina, los gatos tienen otros métodos para identificar su propiedad. Para esto, cuentan con varias glándulas aromáticas en su cuerpo y cabeza.
Las glándulas aromáticas de la cabeza, se llaman temporales y se encuentran arriba de los ojos, a cada lado de la frente y sus labios, tiene las glándulas periorales, todas estas glándulas son utilizadas en marcaje territorial.
También al afilar sus uñas, ponen a funcionar glándulas olorosas que poseen en sus garras. En l raiz de la cola, también se encuentran otras glándulas cuya secreción es utilizada para marcar.
Así, cuando nuestro gato restriega su cola fuertemente en el área que escoge, está realizando el marcaje de sus propiedades. Estas propiedades, pueden ser objetos inanimados, o también las manos, brazos, hombros o cara de su dueño. También marca con el mismo método a otros gatos amigos y perros, además de sus objetos favoritos. Simplemente restregando las áreas que contienen estas glándulas contra el sitio escogido, el gato deposita pequeñas secreciones, imperceptibles para nosotros, sobre el área, marcándola con su propio olor.
Al frotar su frente, además de ser una sensación placentera para él, llegando inclusive a hacer ronroneos de satisfacción, está marcando su propiedad. Al frotar sus labios o barba, el animal llega a quedarse estático, especialmente si otro gato ha marcado anteriormente en el mismo sitio y en este caso babea, frotando sus labios firmemente contra el objeto, e inclusive se recargará contra él, para frotar mas fuerte.
La glándula de la cola es usada después que ha dejado su "firma" con al glándula temporal. Esto se observa con facilidad cuando el gato se enrolla entre las patas de un mueble, o entre las piernas de su dueña al prepararle su comida, que el animal se enrosca alrededor de las patas o piernas, recargándose hacia adelante, permitiendo así que su frente frote el área primero, y después seguirá frotando el resto del cuerpo, para al final restregar la totalidad de su cola.

lunes, 4 de mayo de 2009

RETRATO DE ESCRITOR CON GATO NEGRO


A Eduardo Houghton Gallo y Percy Rodríguez Bromley
Francia es, sin duda alguna, el país del mundo con mayor densidad de caquita de perro por milímetro cuadrado de calle. y si los gatos no fueran tan independientes y meticulosos, hasta cuando hacen puff -aún recuerdo, casi íntegro, aquel poema tan popular en mi infancia, que en uno de sus versos afirmaba: «Caga el gato y lo tapa»-, la verdad es que nadie sabe qué ocurriría con cada milímetro cuadrado de Francia.
El tema de los animales domésticos, llamados también de compaía, puede incluso ocupar la primera plana de las más importantes publicaciones de París y de provincias, y no creo que en país alguno de este universo mundo se le haya dado tanta importancia al invento del perrito robot o del gatito ídem, como en la dulce Francia, al menos a juzgar por unos titulares en primera página del prestigioso diario Le Monde.
Ha sido en Japón, naturalmente –todos sabemos lo copiones que son los nipones: nadie ha logrado superarlos–, donde se han inventado los primeros animalitos de compaía robot-gatito, robot-perrito (reconoce la voz de su amo y todo) y robot-canarito, que hasta maúllan, ladran y cantan tal cual, o sea con las más sinceras y vívidas onomatopeyas. Y, por supuesto, la reacción de la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos, de Francia y de otros países miembros de la Comunidad europea, no se ha hecho esperar. Toda una delegación multinacional de sus miembros, presidida por Brigitte Bardot, acaba de llegar a Tokio, con el fin de tomar cartas en el asunto y decidir si aquellos robots de compaía tienen animalidad o no. En fin, que se trata de un tema realmente delicado y que puede dar lugar a una polémica tan larga y violenta como la que, en la España del siglo XVI, enfrentara al padre Vitoria y a fray Bartolomé de las Casas con Ginés de Sepúlveda, cuando el asunto aquel de si los indios de América española tenían alma o no.
Un caso aparte es el del loro, pajarraco de compaía ante el cual el incomparable poder copión de la inventiva nipona parece encontrarse atado de pies y manos. La copia perfecta y, por ende, la animalidad, resultan prácticamente imposibles, por lo que su producción y venta en serie puede representar un grave riesgo para cualquier empresa que adquiera la patente. Y resulta lógico, claro. Porque si los dichosos loros nacieran hablando ya, nada más fácil que fabricar series enteras de robots-lorito que emitan inglés, francés, castellano, etcétera, con todos los acentos que uno quiera. Pero, cómo hacer para que un loro vaya aprendiendo poco a poco a emitir en portugués, con su acento y todo, en Brasil, por ejemplo, y -he aquí el quid de la cuestión- que además lo vaya haciendo paulatinamente y en la medida en que su amo desee que se ponga a hablar como una lora, o no.
...Ah, sí, hay algo más que se me estaba olvidando. Cuando los turistas del mundo entero empezaban ya a soñar con una Ciudad luz de limpísimas y nada resbalosas veredas, cuando alcaldes de ciudades grandes y pequeñas, de pueblos y aldeas de toda Francia lanzaban campanas al vuelo y hacían saber urbi et orbi que por fin se le había encontrado una solución a un insuperable problema de higiene y seguridad públicas, varios millones de personas han clamado, y no necesariamente en el desierto, que robots sin caquita, eso sí que no.
Y es que, si uno observa detenidamente el asunto, resulta muy cierto que no son sólo sus amos los que sacan al perrito a hacer su puff, un par de veces al día, si no más. Fíjense ustedes bien, y van a ver hasta qué punto son millones y millones los seres humanos que necesitan que el perrito los lleve a ellos a pasear, y no sólo por puff. Fíjense ustedes y verán.
Total que, en un país tan democrático como Francia, tan libre expresión y derechos humanos, tan ejemplar en estos y en otros asuntos, qué otra cosa se puede esperar más que un referéndum sobre el tema caquita-sí-o-caquita-no, responda usted Ouio u Non...
ues en todas estas cosas, ni más ni menos, andaba pensando Rodrigo Gómez Sánchez, la noche del día triste aquel en que su esposa lo obligó a tomar una decisión: o el gato o ella.
-Y mira, Rodrigo, que además de todo te estoy dando una semana para que te lo pienses. Más buena de lo que soy no puedo ser, pero eso sí: si a mi regreso del sur, dentro de una semana, encuentro a ese monstruo en casa, me largo. ¿Me oyes, Rodrigo?
-…
-¡Me largo!
-Ya, Betty, ya. Ya te oí.
-Entonces, chau. .
-Chau chau, mujer.
Era bastante injusto el asunto, la verdad, pues había sido Betty la que había insistido en traer al monstruo aquel al departamento enano del bulevar Pasteur. Rodrigo se opuso siempre a que le metieran animal alguno en un dos piezas en el que apenas cabían su esposa y él, y una y otra vez alegó que para tener animales domésticos se necesita una casa grande, y por lo menos un jardincito.
-Como en Lima, Betty, donde los perros y los gatos caseros son felices porque les sobra espacio para correr y jugar. Aquí, en cambio, ya sabes tú. Aquí los castran, los abandonan días enteros, los tiran a la calle en vacaciones, les pegan... En fin, piensa, Betty... Para tener un animal doméstico en París hay que ser, cuando menos, europeo. Y nosotros somos peruanos. Venimos de otro mundo... Del Nuevo Mundo, nada menos... Del inmenso espacio americano... En Lima hay casas en las que hasta un león puede correr feliz por el jardín e incluso bañarse en la piscina, sin que los niños que juegan a su alrededor corran el menor peligro... ¿Me entiendes, Betty?
-Mira, Rodrigo, si en vez de ponerte a soñar tus novelas, las escribieras...
-Juan Rulfo sólo escribió dos libritos, y es un genio, un inmortal...
-Mira, idiota, vuélveme a mencionar los dos libritos de Rulfo y yo mañana mismo, a primera hora, te traigo dos gatos, en vez de uno.
Y así, entre amenaza y amenaza, llegó Gato Negro al departamento enano de los Gómez Sánchez. y llegó tal como se iba a ir, o sea ya viejo, ya inmenso de gordo, ya horroroso y encima de todo ya absolutamente neurótico. Llegó sin edad y sin nombre, e igualito se iba a ir, porque lo de Gato Negro era una mera convención, una forma de llamar a ese espantoso animalejo que los Gómez Sánchez empleaban sin el más mínimo resultado, sin que el tal Gato Negro les hiciera nunca el menor caso, sin que se diese siquiera por aludido ni se dignara soltarles un maullido, pegarles una miradita o hacer algo con esa inmensa cola, por lo menos, cuando de cosas tan importantes como su comida se trataba. Nada. Nada de nada.
O lo que el Gordo Santiago Buenaventura, el único amigo divertido que tenían los Gómez Sánchez, solía explicarles así:
-Ese pobre gato no está acostumbrado a oír un francés tan malo como el que ustedes dos hablan. ¿No les da vergüenza? Como treinta años en París y siguen sin aprender el idioma. Todo un récord. ¿Y qué culpa puede tener ese pobre bicho? Por más horroroso y neurótico que sea, de eso sí que no lo pueden culpar. Está en su país y tiene sus derechos.
Gato Negro jamás escuchó estas conversaciones. Jamás supo, tampoco, que entre todos los amigos de Rodrigo había uno que, por lo menos, no lo odiaba tanto. Y es que poco a poco fue desapareciendo en el departamento enano de los Gómez Sánchez. Simple y llanamente se metía en el cajón inferior de la única cómoda que éstos poseían (situada, nada menos, que en el dormitorio del dos piezas) y ahí permanecía una eternidad, antes de que alguien lo volviera a ver. ¿Cómo lograba abrir el cajón el animal ese de miércoles? Inútil intentar saberlo, porque Gato Negro era como invisible. Y el día en que al cajón le pusieron una chapa y le echaron llave, Gato Negro, silenciosísimo, además de transparente, sencillamente abrió un agujerote por el lado izquierdo de la cómoda y volvió a tomar posesión de su mundo.
De ahí sólo salía para comer, pero ¿en qué momento, diablos?
Los Gómez Sánchez se desesperaban. ¿Era total indiferencia o puro despecho lo de ese miserable gato? Rodrigo pensaba que era despecho, estaba seguro de que era purito despecho de un animal que, debido a lo enano que era el departamento, tenía que oírlos cada vez que se repetía la eterna y odiosa discusión que lo concernía:
-Hoy te toca darle de comer a ti, Betty.
-A mí nunca me toca darle de comer, idiota. Yo le abro su lata esa asquerosa sólo cuando me da la gana...
-Pero habíamos quedado en turnamos, mujer. Al menos cuando no estás de viaje.
-Sí, pero yo trabajo, y tú no escribes.
Las horas y el lugar en que meaba o defecaba Gato Negro fueron siempre un misterio para sus dueños, aunque en algún momento tenía que pegarse su escapada callejera o techera, porque de lo contrario un departamento tan enano como ése hace siglos que habría empezado a apestar a muerte. Pero bueno, éste era un problema que los Gómez Sánchez ni se planteaban, casi.
-Alguna virtud tiene que tener ese asqueroso animal-repetía, muy de tarde en tarde, Betty Gómez de Gómez Sánchez-. Alguna virtud tiene que tener el monstruo ese.
Y puede ser muy cierta la siguiente explicación del Gordo Santiago Buenaventura, el único amigo divertido que tenían Betty y Rodrigo:
-Con toda seguridad, Betty, Gato Negro te ha oído decir esas cosas de él, un día en que andaba de muy mal humor, debido a un fuerte y perseverante insomnio. Si no, ¿qué otra explicación puede haber para semejante cambiazo, así, de la noche a la mañana...?
En efecto, qué otra razón podía haber para que, en menos de lo que canta un gallo, se produjera un cambio tan grande en el comportamiento de Gato Negro. De una vida tan encerrada en sí mismo, y en el cajón de la cómoda, que lo volvía prácticamente invisible, Gato Negro se convirtió en una verdadera ladilla, en una real pesadilla para Betty Gómez de Gómez Sánchez. Pulga, ladilla, chinche, el gato del diablo ese, siempre tan inmóvil, siempre tan pesadote y tan lento, ahora en una fracción de segundo aparecía y desaparecía tras haberse meado bien desparramadito por toda la maleta ya lista para cerrar de la tal Betty.
Ella que tanto preparaba sus equipajes, ella que se gastaba en ropa una fortuna que para nada tenía y ella que estaba a punto de cerrar su maleta, imitación Louis Vuitton, y salir disparada rumbo a la estación de tren, rumbo al aeropuerto. jMierda! jGato de mierda! ¡En qué momento le había desparramado toda esa pestilencia sobre sus blusas de seda y sus faldas de marca! ¿En qué momento, ¡mierda!, si ella no se había movido del dormitorio y la maleta tampoco de ahí encima de la cama? Y ahora, ¿qué...?
El tren se le había ido otra vez, una mañana, el avión se le había ido también otra vez, una tarde. Citas a las que no se llegó, posibles ventas que no se hicieron y un jefe que me amenazará nuevamente con despedirme. Betty Gómez de Gómez Sánchez trabajaba de visitadora médica en los laboratorios Roche-Laroche, y se pasaba la vida recorriendo Francia en tren o en avión, de norte a sur y de este a oeste, con mucho mérito, es cierto, pero también con una desmedida aunque siempre frustrada ambición económico-social.
O sea que dentro de una semana, cuando ella regresara de visitar médicos por el sur de Francia, el novelista sin novelas -bueno: algo es algo- Rodrigo Gómez Sánchez tenía que haber escogido ya: o Betty Gómez (la mujer de regular vida, remoto origen, de alma y aspecto sumamente huachafos, que él un día amó un poquito y que lo pescó, con llevada al altar y todo, de puro solo y César Vallejo que se sentía Rodrigo en París con aguacero) o Gato Negro, un animal horroroso pero que qué culpa tenía de nada, el pobre.
Rodrigo Gómez Sánchez (altote pero paliducho, sacolargo y desgarbo aparental, total, familia de muy respetable y doctorada burguesía provinciana, empobrecida cada vez más -y en Lima, que es lo peor de todo-, alma de artista grande, permanente indecisión de escéptico de marca mayor, memoria prodigiosa, bondad total, indefensión ídem, y vida bohemia que, por un descuido de solitario, se le acabó un día ante un altar) cerró la novela de Luis Rafael Sánchez que estaba leyendo, aunque no sin que antes su asombrosa memoria registrara una serie de frases de ese gran amigo y escritor puertorriqueño, que realmente le dieron mucho que pensar. La bohemia es el credo de descreer, era una de las frases por las que Rodrigo se sintió profundamente concernido. También le había gustado mucho eso de Los hombres se marchan fumando, pero, cosa rara, con todo lo noctámbulo y disipado que había sido él, en su vida había encendido siquiera un cigarrillo, aunque sí había admirado a muerte a esos hombres duros que, en el cine en blanco y negro y años cuarenta, no paraban de fumar y de llegar y de volver a marcharse fumando, pistola en mano y masticando un inglés absolutamente antishakespeareano.
Pero la frase de Luis Rafael Sánchez que más lo concernía, al menos hasta ese momento, es la que afirma que Una mujer indecente es lo penúltimo. ¿Qué es lo último, entonces? ¿El pobre Gato Negro? ¿Un animalejo que sólo logra defenderse a meadas -perfectamente bien desparramadas, eso sí- de la maldad de una gente con la que jamás, ni en su peor pesadilla, soñó vivir...? Sí, está muy bien eso de que los hombres se marchen fumando. Nada tengo contra ello, ni siquiera en el mundo antitabaco en que vivimos. Pero yo, si quiero portarme como todo un hombre, lo que realmente tengo que hacer es acercarme y no marcharme del problemón que me espera.
El regreso de Betty -¿lo penúltimo?-, dentro de sólo cuatro días, ya, era el tremendo problema al que Rodrigo Gómez Sánchez tenía que acercarse. Y cuanto antes, mejor, basta ya de parsimonias, oye tú. O sea que Rodrigo se incorporó con una desconocida agilidad, incluso con una limpieza de movimientos que él mismo calificó de felina -¿súbita simpatía por Gato Negro?-, y atravesó raudo el par de metros de ridícula salita-comedor-escritorio que lo llevaba hasta el teléfono y el único amigo realmente divertido que tenía, el Gordo Buenaventura.
-Oui,j'écoute...
-Santiago, viejo... Soy yo... Rodrigo...
-¿Qué pasa, antihéroe?
-Gato Negro, hermano... Gato Negro y un ultimátum... Betty regresa del sur dentro de cuatro días y...
-No entiendo nada, compadre... ¿Le pasa algo a Betty?
-No, no... Pero me ha asegurado que si regresa y encuentra a Gato Negro, se va ella de la casa.
-¿Casa? ¿De qué casa me estas hablando? ¿O estás borracho?
-Del departamento, perdón... Betty se larga para siempre del departamento, de mi vida, de todo...
-jCojonudo, antihéroe...! ¿Qué más quieres? Dispondrás de un par de centímetros cuadrados más, para empezar. Y mira, ahora que lo pienso bien: tú deja que llegue Betty, pero antes métele un buen valium a Gato Negro en la leche. Así ella te encuentra con michimichi bien dormidito y ronroneando feliz entre los brazos, y tu elección habrá quedado clarísima, sin que tengas ni que abrir la boca, siquiera. Betty se larga, entonces, y en seguida llego yo y te acompaño donde un veterinario para que le ponga una buena inyección a ese pobre infeliz...
-¿Matarlo, dices, Santiago? ¿Mandar matar yo a Gato Negro?
-Exacto. Y recuperar tu total libertad. Y volver a tu vida bohemia, o de vago, como prefieras llamarla. A lo mejor hasta te da por escribir algo, viejo...
-Yo no podría matar a ese animalito...
-Ah, caray, conque ahora ya es animalito el monstruo ese...
-Santiago...
-Escúchame, Rodrigo... Morir debe ser para ese pobre gato una verdadera liberación. Y te lo juro: yo, en su lugar, ya me habría suicidado... O sea que nada pasará con pegarle su ayudadita... Te lo agradecerá, incluso, desde el otro mundo. Suicídalo y vas a ver...
-Más difícil que anestesiar un pez, operarlo y sacarle las tres letras.
-¿Qué dices? Repite, por favor.
-Nada. No tiene importancia. Era una frase de Luis Rafael Sánchez. Se me vino de golpe a la cabeza y se me escapó.
-Y yo algo creo haber entendido... ¿Me equivoco si te digo que esas palabras tienen algo que ver con el ultimátum de Betty?
-Bueno, sí, lo reconozco...
-¿Y qué vas a hacer, entonces? Porque de regalar al pobre Gato Negro, nada. Imposible. Ni con plata encima te acepta nadie a semejante monstruo. Si además parece que, en edad de animales, nos lleva como mil años...
Por llamadas telefónicas, Rodrigo Gómez Sánchez no se quedó corto. Agotó incluso su agenda, y a veces con llamadas tan absurdas como las interurbanas, a algunos conocidos de provincias. Santiago Buenaventura tenía toda la razón. Nadie, absolutamente nadie, le iba a aceptar jamás a Gato Negro. Y faltaban sólo tres días para que llegara Betty.
Y ahora faltaban ya sólo dos días para que llegara Betty y la única novedad era que Rodrigo había intentado enchufarle a Gato Negro al viejo y solitario portero del edificio en que vivía. Le explicó, larga y tendidamente, su muy difícil situación a monsieur Coste, con una voz cada vez más arrodillada, cada vez menos voz, cada vez más nudo y carrasperitas...
...Gato Negro... él mismo se ocuparía de Gato Negro, sólo que a escondidas. Por lo demás, el pobre animalito vivía invisiblemente, y monsieur Coste no viajaba nunca. y por último, el problema de la maleta de madame era un problema con su esposa, con nadie más en este mundo que con madame. Se lo juraba, sí, podía jurárselo, porque entre ayer y hoy debo haber hecho mi maleta unas veinte veces, encima de la misma cama, y Gato Negro ni se ha asomado, Gato Negro ha permanecido invisible en su cajón inferior de la cómoda.
-Mais, monsieur Gomés Sanchés, voyons...
-Comprenda usted, monsieur Coste, lo que significaría para mí que Gato Negro continuara viviendo en este mismo edificio...
El portero se convirtió en una puerta de madera y cristal llenecita de visillos sucios, una puerta a la que era ya completamente inútil pedirle algo, y resulta que ahora ya sólo faltaban un día y una noche para que llegara Betty, mañana por la mañana. Rodrigo Gómez Sánchez se sorprendió a sí mismo con un salto felino que lo sacó casi a propulsión de la cama -¿un salto felino, elegante, distinguido, de Gato Negro?-, sin tiempo siquiera para abrir los ojos y catar el sabor tan extraño y fuerte de aquel nuevo día, de aquel importantísimo amanecer. Veinte minutos más tarde, mientras tomaba un café con leche y mordía un pan frío, duro, sin mantequilla ni nada, migajoso, Rodrigo volvía a sorprenderse a sí mismo, pero esta vez sí que muy sorprendentemente: a Gato Negro ni Dios le iba a aplicar una inyección letal. La suya era una decisión tomada por un hombre cabal, un hombre de palabra, y de ahí sí que no lo iba a sacar nadie.
Ahora lo que faltaba era Betty, claro, pero entre el salto felino con que amaneció y la decisión cabal con que desayunó, a Rodrigo como que lo abandonaron para siempre sus energías físicas, psíquicas, también las éticas, y digamos que lo de la fuerza de voluntad jamás había sido su fuerte. O sea que hasta las once de la noche, lo único que hizo, aparte de permanecer en piyama ante una máquina de escribir en vacaciones, fue dejar lo mejor de su almuerzo en el plato de metal chusco en que comía Gato Negro.
...No nos engañemos, Rodrigo... ¿Por qué trajo Betty ese gato horroroso a este departamento enano...? Por dos razones. Primera: para hacerle un favor al Presidente Director General de los laboratorios en que trabaja. Segunda: porque entre sus desmedidas ilusiones está la de querer ser, o al menos parecer, francesa... y veamos ahora qué hay de malo en el punto número uno. Pues todo, en vista de que Betty sólo le hace favores a los que están por encima de ella, jamás a alguien que está por debajo. Y otra cosa mala, pésima, en este mismo punto. Cuanto más arriba está la persona, más humillante es o puede ser el favor que Betty le hace, como por ejemplo el de traerse a este departamento enano un gato del que el Presidente Director General quiere deshacerse por viejo, y del cual ni siquiera se toma el trabajo de decirle a ella el nombre... Atroz... Desde cualquier punto de vista, atroz.
Punto número dos, ahora... ¿Hay algo de malo en eso de querer ser, o al menos parecer, francesa? Bueno, para empezar su francés, que es realmente deplorable, muchísimo peor que el mío... Luego, esto de tener un gato para que la gente en París te sienta un poquito menos extranjera, lo cual querría decir que ya te sienten mínimamente francesa... Pobre Betty... Tontonaza... Tienes el alma huachafa, Betty, y por supuesto que ni sabes que en España, aunque con muy sutiles diferencias que, creo, sólo entendemos los peruanos, huachafo es sinónimo de cursi...
...La cursileria es un romanticismo limitado, escribió Ramón Gómez de la Serna. Pero bueno, basta, en vista de que ni sabes quién fue ese señor... Como tampoco sabes la diferencia que hay entre tu Gómez y el Gómez de mi Gómez Sánchez... y de romántica nada, tampoco... Trepadora, huachafa, acomplejada, ansiosa de borrar recuerdos peruanos para llegar a ser alguito más en París... Toma un borrador y borra tu llegada a Francia, Betty... Un grupo de hombres que vinieron a divertirse y se trajeron unas cuantas adolescentes de Lima, unas cuantas terciopelines, ni siquiera medio... y tú entre ellas... ¿Mala vida...? Ni siquiera eso, que puede llegar a ser hasta respetable... Una puta es un hecho contundente, escribe el poeta Eduardo Lizalde... Mexicano, y ni lo has leído ni lo leerás nunca, Betty... ¿Una mala vida? Qué va... Nada de eso... Una vidita regular... Una vidita de penúltima, en todo caso... y después yo, un cojudazo a la vela, eso sí que sí...
Se hubiera quedado la noche entera hablando consigo mismo Rodrigo Gómez Sánchez, pero en eso sonó el teléfono mil veces, como si la persona que llamaba supiera que alguien tenía que haber en el departamento. Y Rodrigo se descubrió a sí mismo con un trozo de pan frío y duro, sin mantequilla ni nada, migajoso, en una mano, y el auricular de un teléfono en una oreja.
-Sí… Ah, sí… Santiago, ¿no…?
-¿Y quién, si no, huevas tristes? ¿Por qué no contestas? Ya empezaba a temer que Gato Negro te hubiera puesto la inyección letal a ti.
-Mañana llega Betty... Por la mañana...
-Por eso te estoy llamando, precisamente, pero a ti te da por hacerte el interesante y no contestas. ¿Has tomado una decisión, por fin?
-Más difícil que anestesiar un pez, operarlo y sacarle las cuatro letras...
-Dos y dos son cuatro: pez se escribe con tres letras y gato con cuatro... Ho capito. L'ho capito tutto. Inmediatamente voy para allá.
-¿Para qué, si estoy en piyama?
-Para ayudarte, pues, antihéroe. Si no, ¿para qué voy a ir? Y es que tengo una gran idea, hermanón... Una gran idea y un costal de yute ad hoc...
NOTA: ¿Se puede imaginar un final menos cruel para el gato? Vale la pena intentarlo. Idea de base: Un cambio de fortuna, un gran vuelco, un gato muy viejo y muy feliz... Intentarlo, sí...
O sea que fue Santiago Buenaventura, finalmente, el que decidió que Betty y Rodrigo seguirían viviendo juntos en el departamento enano del bulevar Pasteur. Pero Gato Negro no murió. Todo lo contrario, empezó una nueva vida, una gran vida. Y hasta se podría decir que jamás en el mundo animal alguno ha conocido un cambio de fortuna mayor que el de Gato Negro, que ahora se llama Yves Montand. Así lo ha bautizado su nueva dueña (vieja y sabia prostituta sin proxeneta, o sea una mujer de la vida, sí, pero valiente e inteligente como ninguna, o sea que también con grandes ahorros), de nombre Josette, que lo recogió en el Bois de Boulogne la misma noche congelada en que Santiago Buenaventura y Rodrigo Gómez Sánchez descendieron de un taxi con un costal que se había vuelto loco en el camino.
-Merde, merde, et encore merde! –fueron las últimas palabras de un taxista que huía despavorido, tras haber dejado a ese par de inmundos metecos de mierda ante un árbol y una puta que realmente le impedían ver el bosque.
Esos dos inmundos metecos y el costal loco eran, por supuesto, Santiago Buenaventura, Rodrigo Gómez Sánchez, y Gato Negro defendiéndose panza arriba y panza abajo y panza a un lado y panza al otro, también, cual verdadera fiera (en fin, como realmente se defiende un gato panza arriba), del obligado retorno a la naturaleza al que lo estaban sometiendo ese par de peruanos de mierda. Y es que el taxista ignoraba la inmunda nacionalidad meteca de los dos extranjas esos, pero Gato Negro no.
Fue derrotado, por fin, el pobre animalito, aunque lo correcto sería decir, más bien, que tanto Gato Negro como Rodrigo Gómez Sánchez fueron derrotados. Y es que, en el fondo de su alma, el novelista sin novelas -bueno: algo es algo- jamás deseó retornar a su animalito de compaía a la naturaleza ni a ningún otro lugar que no fuera su cajón inferior de la cómoda. Pero, en fin, ya sabemos que su amigo Santiago Buenaventura fue quien decidió por él.
-Anda. Vístete y busca a Gato Negro.
-¿Qué piensas hacer con él?
-Tú confía en mí y haz lo que te digo. ¿O no he sido yo tu mejor amigo siempre?
-¿Y ese costal?
-iQue te vistas de una vez, carajo, te digo!
Por fin se vistió el saco largo de Rodrigo, y mientras tanto Gato Negro ni la más mínima sospecha de que todo ese desorden yesos gritos, a tan altas horas de la noche, lo concernían a él más que a nadie en este mundo. La idea era la siguiente: en vista de que el antihéroe, como nunca en su papel, se negaba a mandar a mejor vida, inyección mediante, a un patético gato al que de golpe se descubrió amando inmensamente (tanto que ahora era a Betty, a su esposa, a quien realmente deseaba abandonar, y no en el Bois de Boulogne, precisamente, sino en el mismito corazón salvaje de la selva amazónica), en fin, en vista de todo eso, Santiago Buenaventura, su mejor amigo, aparecía en el momento más oportuno y, costal, taxi y Rodrigo mediantes (aunque el antihéroe fue más bien un estorbo), ponía en marcha la única alternativa que quedaba: llevarse a Gato Negro al Bois de Boulogne y obligarlo, aunque sea a patada y pedrada limpia, a reinsertarse, a fuerza de instinto de conservación, en una naturaleza de la cual ignoraba absolutamente proceder, de tan urbano que era de padres a abuelos, y así para atrás en los siglos.
En fin, que también había que ver a qué tipo de naturaleza se le estaba obligando a retornar a patadas. Pues nada menos que a una naturaleza tan domesticada y bonita y tan colorida e inmóvil que ya casi parecía muerta. Y en qué maravilla de ciudad y en qué barrio tan chic, además, salvo por lo de las putas por aquí y putas por allá, con su farolito portátil y todo, porque de boca de lobo sí tenía la noche por esa zona tan recortadita y podadamente agreste del bosque y, claro, el cliente tiene que ver bien la mercancía.
Y ahí pareció quedarse ya para siempre Gato Negro, el patético felino gordo de los Gómez Sánchez del bulevar Pasteur y de orígenes familiares muy dispares, allá en el Perú. Sin embargo, determinadas características de su ensimismado carácter permitieron que Rodrigo Antihéroe olvidase muy rápido el horror que le produjo ver cómo, a patada y pedrada limpia, su animalito de compaía iba desapareciendo en la noche del bosque. Así era él, y en el fondo tenía la suerte de poder pasarse días y noches monologando interiormente, pero jamás dialogando íntegra y verdaderamente consigo mismo. Y esto, en un caso como el suyo, era en verdad una suerte, por ser su vida en general bastante mediocre y tristona.
La pena, claro, fue que Rodrigo Gómez Sánchez jamás llegara a enterarse del tremendo final feliz que tuvo la historia de Gato Negro. Fue tan bello aquel final, que ya sólo hubiera faltado que Betty se matara en el avión de regreso a París, para que también su patética vida matrimonial acabase apoteósicamente. Pero bueno, la suerte fue toda de Gato Negro, que, no bien se atrevió a asomar la aterrada cabezota por detrás de un árbol, aquella misma noche en que lo patearon a muerte y en dirección naturaleza, fue visto por Josette, una vieja y sabia mariposota nocturna que en un abrir y cerrar de ojos ya le había tomado un inmenso cariño, y que horas más tarde lo bautizó Yves Montand, con champán y entre regios almohadones. Muy poco después, ambos se jubilaron juntitos y terminaron sus días de leyenda en una pequeña villa de la Costa Azul, por supuesto que gracias al valor y la perseverancia de una prostituta que jamás tuvo proxeneta, o sea que pudo ahorrar horrores.
FIN

9 de noviembre, 1996. Acabo de arruinar «Retrato de escritor con gato negro». Pero, en fin, como dice -piensa, más bien- por ahí Rodrigo Gómez Sánchez, «algo es algo». Lo demás, lo de siempre. Lo más íntimo. Lo sólo mío. Pongo en mis escritos lo que no pongo en mi vida. Por eso creo que no los termino nunca. Y no pongo en mi vida lo que pongo en mis escritos. Por eso es que vivo tan poco y tan mal. En fin, qué diablos importa todo esto en un momento en que mi vida se limita a un gato y un bosque.
Sergio Murillo cerró su diario, lo ocultó de su esposa en el lugar de siempre y se dirigió a la cocina para recoger la bolsa de comida que, cada noche, desde hacía exactamente dos semanas, le llevaba a Félix, su gato. La depositaba en el mismo lugar del Bois de Boulogne en que tuvo que abandonar al pobre Félix, con la ayuda de su viejo amigo Carlos Benvenuto, ya que el pobre animalito era tan urbano que hasta parecía ignorar la existencia de los bosques, y se defendió literalmente como gato panza arriba. Nancy, en efecto, cumplió con su eterna amenaza y terminó obligándolo a elegir entre ese maravilloso gato y ella. Y claro, él no tuvo elección.
Pero bueno, Sergio Murillo ya sabía que esto del bosque se tenía que acabar. No le iba a durar toda la vida lo de andar llevando cada noche una bolsa llena de comida y recogiendo otra vacía, del día anterior. No, no se iba a repetir jamás el sueño aquel de un hombre que, hasta el día mismo de su muerte, se da una cita nocturna con un gato, siempre delante del mismo árbol. Lo de ahora, en cambio, podía ocurrir muy fácilmente. Y explicarse muy fácilmente, también. Un gato negro y urbano vive mal en el bosque, aunque alguien lo alimenta ocultamente. Por fin, un día, las fieras del bosque, que desde que apareció por ahí lo vienen espiando, descubren lo bien que se alimenta ese hijo de mala madre, y se lo devoran con su comida y todo. Alguien se siente tremendamente solo, en una pesadilla. Y llora en un taxi de regreso.
(*)Fuente: Extracto de Guía triste de París, de Alfredo Bryce Echenique

RIBA

Hermoso... amigos mios. Quería compartirlo con todos vosotr@s. Feliz día...

HERÁCLITO EL OSCURO

HENRIKETO RECOMIENDA